Mujeres Mariachis: Y ahora,
¿quién es "El rey"?


Excerpts from the article: By Elizabeth Hanly
La Familia de hoy
Sept. 1990, Vol. 1, No. 4
Published by: Whittle Communications, Knoxville, TN





En la música ranchera, México ha tenido grandes figuras femeninas, pero han sido cantantes y no instrumentistas. Esta ha sido una parcel del genero mariachi donde se ha visto a muy pocas mujeres. Y las pocas que se atreven a lanzarse, a veces encuentran resistencia por parte de los hombres de la orquesta, quienes no se acostumbran a la idea de que el músico vecino lleve trenzas y las uñas pintadas.

Laura Garciacano, quien toca ocasionalmente con El Sol de México, un grupo de mariachis de Los Angeles, recuerda un ejemplo de estos prejuicios. Cuenta que cuando se presentó por primera vez, traje de luces y violin en mano, en un conjunto de hombres, el más viejo dijo enérgicamente al director del grupo: "No!!! Nunca he tocado con una vieja; no voy a comenzar ahora". Y cargando su violin, se marchó.

Laura dice que al tiempo, el anciano músico volvió, escéptico todavía, pero ahora necesitado de trabajo. "Poco a poco comenzamos a hablar", relata ella. "Me fue contando de las generaciones de mariachis de su familia. Cuando llegó el momento en que yo debía partir, se puso a llorar y me dijo: 'Siempre debes ser mariachi. Ese es tu destino'".

De hecho, Laura fue una de las primeras mujeres que, en este país, logró penetrar en el campo usualmente muy masculino de los mariachis. Aunque México ha tenido grupos de mariachis femeninos, han sido pocos. La tradición del mariachi- cantar en cantinas, sufrir largos viajes, pasarse muchas horas tocando aquí o allá, a las órdenes de un patrón antojadizo- no era propicia a la convivencia de ambos sexos. Pero ahora, varias chicanas han abierto un nuevo camino en la vida y las tradiciones de estas orquestas folclóricas.

Laura Garciacano es una de esas pioneras. Se crió en Watsonville, California, en un hogar donde no se hablaba español por temor a que los niños crecieran con desventajas en los Estados Unidos. Visitó México por primera vez a los 20 años de edad.

"Cuando mis primos escuchaban las viejas grabaciones de los mariachis, enloquecían de entusuasmo", recuerda. A Laura, que había sido violista de música clásica, se le contagió ese entusiasmo y nunca quiso volver a tocar nada que no fuera mariachi. Cuando se graduó en la universidad de California, en Santa Cruz, ya había estado investigando la música folclórica de México. Su primera actuación con un grupo de mariachis fue en una minúscula cantina en Santa Cruz, durante su segundo año en la universidad.

"Creo que el lugar ni siquiera tenía piso. Mi madre tuvo una discusión por eso con mi asesor de estudios. Le dijo que lo odiaba, porque yo había cursado estudios clásicos, y ¿para qué? Tardó en darse cuenta de la felicidad que me brindaba la música mariachi", explica.

Laura es categorica acerca de su música y su estilo de vida, pese a las proposiciones deshonestas que ha tenido que soportar. "Una vez, un individuo me mandó el número de su habitación escrito en una tortilla", recuerda. Pero Laura toma estos incidentes con humor. Para ella, no son importantes y no pueden apartarla de su misión cultural.

Se considera guardiana de la músic y anota los miles de canciones, partituras y acordes de lo que ha sido hasta ahora una tradición oral. Toma su vocación muy en serio, como lo hacen muchas otras en la nueva ola de mujeres mariachis.

Otro ejemplo de este creciente fenómeno es Rebecca González, quien también fue violinista clásica y se crió en San José, escuchando la música norteña. Descubrió el género mariachi cuando estaba en la universidad estatal, en el propio San José. "Tenía algo especial, algo emotivo que la música clásica simplemente era incapaz de darme", dice.

Su irrupción en el mundo de los mariachi fue rápida. Después de tocar sólo un año con un mariachi en San José, se fue a Los Angeles. Allí empezó a tocar con el mariachi Uclatlán, y luego pasó a integrarse a Los Camperos de Nati Cano, en la meca de los mariachis de Los Angeles: el restaurante La Fonda. Los Camperos es un conjunto importantísimo, con el que cantan Lola Beltrán y Lucha Villa cuando llegan a Los Angeles, y que acompañó a Linda Rondstadt en su disco "Canciones de mi padre" y en los premios Grammy.

La presencia de Rebecca en Los Camperos sólo sirvió para consolidar la fama del grupo. Las cadenas de televisión ABC, CBS, y NBC han filmado a la joven, y Nati Cano, director del conjunto y propietario del restaurante, afirma que su grupo nunca recibió tanta atención como cuando Rebecca se sumó a ellos. "Yo incluí una mujer en él por la misma razón que salí de México", alega. "Siempre buscando un camino mejor".

Sin embargo, admite que "teía un poco de miedo. Hubo gente que se molestó, fue una ruptura de la tradición, de la imagen del macho. Pero la mayoía quedó encantada, porque Rebecca es una excelente artista. La mujeres han llegado a los mariachis para quedarse".

Cuando Rebecca Gonzales dejó La Fonda para formar su propio mariachi-integrado totalmente por mujeres-su lugar fue ocupado por la joven Mónica Treviño. Pero Cano vacila cuando se le pregunta si aceptaría a más de una mujer en su conjunto: "Bueno, es ya es demasiado....".

Y es que en realidad, las mujeres siguen experimentando dificultades para integrarse, como instrumentistas, a los mariachis.

"La mayoría de las mujeres que se interesan por el mariachi hoy en los EE.UU., llegan a conocerlo por intermedio de las universidades o los movimientos estudiantiles", afirma Mark Fogelquist, ex profesor de la Universidad de California en Los Angeles, quien dirige un mariachi en esa ciudad. "El mariachi en un arte que tradicionalmente pasa de padre a hijo; pocos padres están dispuestos a enseñarselo a sus hijas. Y pocas mujeres pueden obtener la experiencia que necesitan fuera de las universidades". (El conjunto de Fogelquist ofreció su primera oportunidad a Laura y a Rebecca).

"Hay opiniones encontradas acerca de si todo esto es adecuado para las mujeres", admite Edith Mora Arriaga, decana del mariachi La Familia Mora Arriaga, que incluye varias mujeres. Este conjunto ha establecido su reputación con sus actuaciones en todo México. Radicado ahora en Miami, sus nueve miembros se dividen en cinco hermanas y cuatro hermanos. Y las mujeres de la orquesta tocan no sólo el violín, sino también la trompeta y el acordeón.

Edith afirma que ella y sus hermanas, en general, son bien recibidas y que, en su experiencia, las mujeres han dado un respaldo incondicional a las mariachis femeninas. Uno se explica por qué cuando las ve actuar, vistiendo sus trajes típicos y rebosando simpatía y entusuasmo. En escena, su condición de mariachis parece natural, innata. Y caso lo es, pues su padre fue la excepción a la regla: un patriarca mexicano que enseñó a sus hijas a ser mariachis desde niñas, en su nativo México.

Sin embargo, no todas las mujeres mariachis heredan su afición, ni son de ascendencia mexicana. Existen algunas como Kate Woods, durante años la única anglosajona activa en el mundo de los mariachis. Violinista clásica ella también, Kate ingresó en un grupo de mariachis como resultado de un desafío. En 1976, cuando tocaba en la orquesta sinfónica de jóvenes en San José, un amigo de la orquesta se unió a un grupo de mariachis y le preguntó a Kate si no le gustaría hacer lo mismo. Ella pidió ver las partituras de algunos mariachis, y el amigo respondió que esas partituras no existían, que había que memorizar la música, y sugirió que ella era incapaz de hacer eso. La violinista aceptó el reto y se unió al grupo. "Poco después comencé a soñar en español, aunque no hablaba una palabra en ese idioma", recuerda. Eso ocurrió hace 14 años y Kate todavía sigue tocando, tan enamorada del género como siempre.

"Los poetas mejores del mundo son mariachis. Y esa estructura de acordes... nadie ha sabido crear nada comparable", dice. Por amor a la música mariachi, Kate tocó en muchos bares de aspecto sombrío de la zona de San Francisco, donde ella cuenta que la gente "suponía que yo era un travestido, porque pensaban que ninguna mujer en sus cabales estaría en semejante lugar".

Pero semejantes dificultades no desaniman a la segunda generación de mujeres que ya se perfila en el mundo de los mariachis. Susie García es posiblemente la más joven de la nueva ola. Con apenas 12 años y sus estudios de violinista clásica por terminar, ya ha tocado con el mariachi El Sol de México.

"Tiene talento natural", afirma su madre, María García. "En realidad, no era muy estudiosa haste que decidió que quería tocar con un grupo de mariachis para las bodas de oro de sus abuelos. Entonces tardamos ocho meses en encontrarle un profesor. Los mariachis confirmaron su reputación de irresponsables". Finalmente, la señora García descubrió a Laura Garciacano. Susie asistió a sus clases (aunque la enseñanza era en castellano y ellano entendía una palabra). "Pero el sonido de la música mariachi me emocionó", dice la chica. A los pocos meses, ya tocaba "La Negra".

Y en la fiesta de aniversario de sus abuelos, cuando la niña debutó, violín al hombro y luciendo un traje de charro mexicano, bien rebordado, ella y todos los presentes lloraron de emoción.




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